Impulsada por un volumen histórico de maíz y precios internacionales favorables, la liquidación de divisas del agro alcanzaría los U$S 35.375 millones este año, según las últimas proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Sin embargo, el encarecimiento de los insumos por tensiones geopolíticas pone en jaque el margen real del productor.
Esta cifra representa un ajuste al alza de aproximadamente U$S 850 millones respecto a estimaciones previas, lo que asegura un flujo de dólares vital y sostenido, especialmente concentrado en el periodo de abril a diciembre, donde se espera el ingreso de U$S 29.600 millones.
El complejo exportador sigue mostrando una marcada hegemonía de los principales cultivos. El complejo sojero se mantiene como el mayor generador de divisas, con un aporte estimado de U$S 16.500 millones, seguido por el maíz, que alcanzará los U$S 7.500 millones.
El resto de la torta exportadora se distribuye de la siguiente manera:
—Girasol: U$S 2.400 millones.
—Trigo: U$S 2.200 millones.
—Cebada: U$S 500 millones.
—Sorgo: U$S 300 millones.
En un contexto global marcado por la incertidumbre y los enfrentamientos bélicos, la Argentina se posiciona como un proveedor estratégico de materias primas. Su ubicación geográfica, alejada del epicentro de los principales conflictos, le otorga una ventaja competitiva para satisfacer la demanda internacional de alimentos en un escenario de suministros tensionados.
A pesar de las cifras récord de exportación, el ánimo en las tranqueras es de cautela. La mejora en los ingresos brutos se ve contrarrestada por una estructura de costos cada vez más exigente.
Las tensiones en Medio Oriente han disparado el precio del petróleo, lo que impacta directamente en el costo de los combustibles y en insumos clave para la producción, como los fertilizantes (con subas notables en la urea).

El estratégico Estrecho de Ormuz, en Medio Oriente.
Esta dinámica genera que gran parte del incremento en el valor de los granos sea neutralizado por los gastos de campaña. Las asociaciones de productores locales ya han manifestado su preocupación, advirtiendo que el impacto indirecto de las guerras externas está comprometiendo la rentabilidad real y la viabilidad económica de las explotaciones agropecuarias argentinas.
El campo vuelve a cumplir su rol de motor económico del país, pero enfrenta el desafío de producir en un mundo donde el costo de la tecnología y la logística crece al ritmo de los conflictos globales.